May 2, 2021

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XXIII , por José Manuel Leal

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XXIII , por José Manuel Leal

LIBERALES Y CARLISTAS: LAS GUERRAS

Como ya vimos en un artículo anterior, el intento de democratizar España en el primer cuarto del S. XIX había finalizado, tras un breve periodo de tres años, en un fracaso de las ideas liberales. La rendición de Arturo Azlor, con gran parte de la caballería, en Pozo Alcón en agosto de 1823 y la ejecución del general Riego dio paso a otra época de diez años, la llamada Década Ominosa, que supuso la persecución y exilio de muchos españoles.

Tras la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, se va a producir en España un grave problema sucesorio: por una parte, la reivindicación al trono por los partidarios de su hermano, Carlos María Isidro de Borbón (Carlos V); y por otra parte, los partidarios de su hija, la Infanta Isabel, Princesa de Asturias. Un enfrentamiento entre los carlistas y los isabelinos o cristinos, puesto que la Regencia del Reino quedó en manos de la reina consorte, María Cristina de Borbón. En realidad, y como es lógico, el enfrentamiento era mucho más profundo y afectaba a toda la nación. Simplificando mucho, podemos afirmar que desde ese momento se van a enfrentar dos concepciones de la vida, dos ideologías, que podríamos ejemplificar en los eslóganes de cada una de ellas. Para los liberales, defensores de la futura reina Isabel II, la máxima es la misma que la de la Revolución francesa, es decir, “Libertad, Igualdad, Fraternidad”; mientras que para los tradicionalistas absolutistas, el eslogan será “Dios, Patria y Rey”. Y continuando con la simplificación, en general, estas dos corrientes se van a organizar en torno a dos instituciones, que son la Masonería y la Iglesia. Se inician así las que se conocen con el nombre de Guerras Carlistas, que se desarrollarán durante el S. XIX y que, con un nombre u otro, llegan prácticamente hasta el S. XX. Tenemos que señalar aquí que, aunque al final los enfrentamientos entre liberales y carlistas quedaron más reducidos a las provincias vascongadas, a Navarra y Cataluña, en realidad fueron unas guerras civiles que afectaron a toda España.  En este contexto, Pozo Alcón volverá a tener un cierto protagonismo militar y, como también es lógico, una división interna entre la clase dirigente local. De las tres Guerras Carlistas que hubo, es la primera (1833-1840) la que en nuestras tierras dejará más huella y acciones bélicas.  Vamos a verlo con más detenimiento, teniendo en cuenta la dificultad de aquilatar en un breve artículo un problema tan complejo. A esto habría que añadir, además, la absoluta falta de documentación municipal.

La primera acción digna de resaltar fue el apresamiento de un célebre cabecilla carlista, el quesadeño Luis Moreno, que actuaba por esta zona. Moreno se había destacado ya en la Guerra de la Independencia contra los franceses y, después, luchando contra los liberales en el Trienio Liberal. Ahora, tras la proclamación de Isabel II, se había vuelto a echar al monte.  El periódico “El Eco del Comercio”, de 27/02/1835, da cuenta de que los urbanos (Milicia Nacional) de Pozo Alcón estaban persiguiendo a Moreno, el cual había sido localizado cerca de Castril el 13 de febrero pasado. Y tres días después es atrapado en las márgenes del Guadiana Menor. El alcalde de Quesada informaba al Gobernador civil de que el alcalde de Pozo Alcón y un tal Juan de Dios, que había sido el autor material de la captura de Moreno, así lo comunicaban. Éstos se habían adelantado al grupo que lo traía preso “con la plausible noticia de la pronta llegada a esta villa de este rebelde conducido por los urbanos y paisanos de dicho pueblo”. Además, a través del de Quesada, el alcalde de Pozo Alcón solicitaba el indulto para Juan de Dios, pues era desertor del ejército. A las cinco de la tarde del 18 de febrero, Luis Moreno fue fusilado “por la espalda (como traidor) en la Plaza pública de Quesada”. Todo esto está recogido en el blog de la Historia de Quesada, de Vicente Ortiz García.

En septiembre de 1836, las tropas carlistas entran en la provincia de Jaén. La Jefatura política de la provincia de Granada informaba al gobierno, entre otras cosas, de la llegada de una división a Pozo Alcón para atacar a los carlistas, que habían tomado Andújar. Y, además, afirmaba: “La Andalucía presenta un espectáculo grande y extraordinario. La esforzada Guardia Nacional se ha movilizado como por encanto (…). Continuamente entran pelotones de los pueblos vitoreando la Constitución, la Reina y la Patria: la alegría, la lealtad y el aire marcial y guerrero es hoy el único distintivo de sus beneméritos habitantes que respiran el éter purísimo de libertad y orden constitucional (…). La conflagración patriótica es general en la tierra íbera y es seguro que, si en estos momentos hubiese armamento, 30 o 40000 de sus hijos llegarían hasta el Pirineo. No crea V.E. que es una exageración andaluza, sino la pura verdad, un hecho que ha destruido el proyecto de los facciosos que huyen y que resuelve el problema de algunos espíritus pusilánimes acerca de si los españoles pueden por sí acabar la guerra civil y ser libres e independientes: demostrando a la vez que sólo necesitaban que la excelsa Cristina empuñase la bandera enarbolada en Andalucía, y un gobierno resuelto e ilustrado”.

En fin, no diré yo que la euforia no era algo exagerada y que todavía quedaba mucha guerra por delante, pero ese era el informe de aquel jefe político granadino.

Y, efectivamente, así fue, la guerra no se había acabado. El 31 de enero de 1838, las tropas expedicionarias carlistas del general Basilio Antonio García y del coronel Tallada entran en Jaén desde La Mancha. Pero, antes de continuar, considero necesaria una aclaración. Todas estas tropas, a veces en pequeñas partidas, estaban siempre en continuo movimiento. Su estrategia consistía, en el mejor de los casos, en provocar un levantamiento en los lugares por donde pasaban; pero lo más frecuente era que entraran en los pueblos para abastecerse de víveres y reclutar adeptos de los distintos lugares, muchas veces desertores del ejército gubernamental. Llegadas estas tropas a la provincia, el 5 de febrero son vencidos en Úbeda y Baeza, y se produce una dispersión de carlistas en pequeños grupos, que llegan hasta Pozo Alcón. Poco después, el día 17, el propio general García llega a Pozo Alcón y destaca fuerzas hasta Cabra de Santo Cristo y, por Hinojares, fueron hasta Peal de Becerro. El día 22, estas tropas ocupaban totalmente Pozo Alcón y Baza, aunque por poco tiempo. Hostigados por las tropas del general cristino, Laureano Sanz, huyen de la localidad. Mientras tanto, y casi simultáneamente, el coronel Tallada es derrotado en Castril y los prisioneros son traídos a Pozo Alcón. El mariscal de campo, Laureano Sanz, informaba de que su subordinado, el brigadier Ramón Pardiñas, había atacado Castril contra una facción de Tallada, cogiendo prisionero, entre otros muchos, al hijo del cabecilla. El mismo mariscal informa desde Pozo Alcón, al día siguiente, 28 de febrero de 1838, de lo siguiente:

A partir de este momento, aunque la actividad carlista va disminuyendo poco a poco, se producirán, no obstante, otros ataques a Pozo Alcón, esta vez bajo el mando de Manuel Morillas, el jefe carlista más temido en la provincia de Jaén, que llega aquí el 29 de junio y amenaza nuevamente a Baza. Posteriormente, en la primera semana de julio, vuelve a atacar Pozo Alcón, donde es rechazado, y, más tarde, el 6 de septiembre, vuelve a intentarlo con el mismo resultado. Veamos cómo lo cuenta la prensa del momento, en la que se resalta la actuación de todo el pueblo de Pozo Alcón.

Doy aquí por finalizada esta breve reseña sobre la actividad militar de las tropas gubernamentales y carlistas en nuestro pueblo, información extraída esencialmente de la obra “Historia del tradicionalismo español”, de Melchor Ferrer y otros.

Recordará el lector que, al principio de este artículo, nos referíamos a la división que estos enfrentamientos civiles habían producido en nuestro pueblo. De todo esto, nos ocuparemos en el próximo artículo, pero antes les dejo con una carta de un cura de Pozo Alcón que, en 1888, deja bien claro que los ideales carlistas seguían muy presentes para sus adeptos:

José Manuel Leal

  1. Manuel Gámez dice:

    Muy bien José Manuel, es muy interesante esta parte de nuestra que nos cuentas, y que yo y la mayoría de Poceños desconocíamos. Espero con impaciencia el próximo artículo.
    Un saludo

    • José Manuel dice:

      Muchas gracias, compañero. Me alegra mucho que te gusten estos artículos. Espero estar a la altura de los lectores de este blog.

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