May 9, 2021

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XXIV , por José Manuel Leal

Pozo Alcón: La historia y sus gentes, XXIV , por José Manuel Leal

LA SOCIEDAD POCEÑA EN EL S. XIX: Las comunicaciones

Las malas comunicaciones han sido siempre uno de los mayores problemas, si no el mayor, para el desarrollo socioeconómico y cultural de Pozo Alcón. Su aislada situación geográfica de difícil orografía hacia el norte y su compleja relación de pertenencia a la provincia de Jaén o a la provincia de Granada, sobre todo en el S. XIX, ha perjudicado todavía más la realización de los diversos proyectos que nunca llegaron a realizarse y que hubieran podido facilitar su progreso material y espiritual. Nos referimos, entre otros, a proyectos como el del tren que nunca llegó, o los puentes que nunca se terminaban de construir, o los caminos de herradura que nunca se arreglaban.

Ya desde el mismo momento de su independencia, en 1648, el problema de las comunicaciones con Quesada es el primer motivo que justifica su separación. En las “Probanzas”, en 1650, después de que Quesada se opusiera a la exención del Pozo, aparece una pregunta relativa a la larga distancia, los malos caminos y los peligros al cruzar los ríos. Las respuestas de los testigos coinciden todas; a manera de ejemplo, veamos la respuesta de Diego de Raya, alférez mayor de esta Villa que “dijo que este testigo sabe hay desde el Pozo a la de Quesada más de cuatro leguas de sierra de muy mal camino. Y que para ir a la villa de Quesada se pasan dos ríos, que el uno se llama Turrilla y el otro Arroyomolinos, que aunque en el verano no llevan agua, en invierno suele haber algunas avenidas en las cuales se han ahogado algunas personas, como fue un vecino de Benamaurel. Que era fuerza pasar por el dicho río más de 30 veces por una rambla de mal camino. Y asimismo que por la mucha sierra, la que hay desde esta villa del Pozo a la de Quesada, se le hace mucho agravio y perjuicio a los vecinos del Pozo para ir a pedir su justicia a la dicha villa de Quesada por la mucha sierra y distancia y peligro que hay en el dicho camino”.

Y ya que hablamos de caminos, veamos lo que, el 1 de agosto de 1882, decía el periódico “El Defensor de Granada”: “En 1861 se presentó a la Diputación Provincial un proyecto de caminos que comenzaba en la capital de Granada por el camino de Iznalloz, y atravesando muy importantes pueblos de la zona, terminaba en la vecina provincia de Jaén, en Pozo Alcón. Este camino tenía también a ser útil a otro objeto interesante para la conducción a Granada de maderas procedentes de la sierra de Segura. Como todas las cosas de este país, el proyecto dio mucho pasto a los debates y conversaciones; se aprobó al fin y después…se traspapeló, y aún no ha aparecido”.

Así pues, desde el principio hasta nuestros días, este problema ha estado siempre presente. En el S. XIX hubo varios proyectos para abrir nuevas vías de comunicaciones, algunos tan curiosos como el del célebre general de ingenieros Timoteo Roch, quien en 1850 demostró, bajando con una expedición de barcos cargados con 1500 quintales de carbón (el texto dice, creo que equivocadamente, de “carburo”), que desde Pozo Alcón, descendiendo por el Guadiana Menor, había navegación expedita hasta Sanlúcar de Barrameda. Se trataba de un proyecto muy fantasioso que, en última instancia, pretendía unir mediante navegación, nada más y nada menos, que Cartagena con Sanlúcar de Barrameda. A este fin, ya en 1850, se había construido el canal de Huéscar para llevar la navegación desde la parte superior del Guadalquivir hasta Cartagena. Si le unimos la demostración que hizo Timoteo Roch, la unión entre estos dos extremos de Andalucía por el interior hubiera sido posible.  

Pero el proyecto que verdaderamente pudo sacar a Pozo Alcón de su atraso –y que tampoco llegó a cuajar- fue el de la construcción de una vía férrea y estación en la línea que se iba a construir desde Linares hasta Almería. El proyecto se inició en 1876 con una longitud de la línea de 308 Km. desde la estación de Linares hasta la punta del muelle del puerto de Almería. Con 28 estaciones, el recorrido, en lo que a nosotros afecta, era el siguiente: Linares, Vadollano, Canena, Baeza, Úbeda, Torreperogil, Tomé (Cazorla), Peal de Becerro, Quesada, Huesa y Pozo Alcón; desde aquí, por las Cuevas se dirigía a Baza y a Guadix, y después, por la Calahorra, hasta Almería.

El proyecto no contó con los apoyos necesarios por parte de las autoridades de Jaén. Vamos a ver este juego de intereses en dos artículos, que se remontan a los orígenes del proyecto, del periódico “Crónica Meridional: diario liberal independiente y de intereses generales”, de julio y agosto de 1887. El primero es éste:

En el segundo, aparece la clase de estación que sería la del Pozo y otra vez los irreales plazos que se establecían:

No nos vamos a detener en los pormenores de todo el proyecto, que no finalizó hasta el S. XX, y que definitivamente no pasó por Pozo Alcón. Tan sólo apuntaré aquí que en 1900 todavía la esperanza estaba viva, y el periódico “El Regional” publicaba: “Parece que por fin ha logrado el señor marqués de Loring el concurso pecunario de algunos capitalistas para construir (…) y un ramal desde Quesada a Pozo Alcón en la línea de Linares a Almería”. Y este mismo periódico publicaba unos días después lo siguiente: “Según nuestros informes, adelantan rápidamente los trabajos para construir un ferrocarril de vía estrecha desde Pozo Alcón a la estación de Huesa, en la línea de Linares a Almería”.

Éste fue, sin ningún género de dudas, el mayor fracaso de la clase dirigente local y, por tanto, colectivo en el avance de Pozo Alcón en el S. XIX.  Por otra parte, la apatía, cuando no el rechazo frontal, de la Diputación de Jaén en este asunto – mientras que la de Granada peleó para que esa vía férrea se aproximara lo más posible a su provincia- hizo que volviera a despertarse en Pozo Alcón nuevamente su deseo de pertenecer a Granada, como ya lo había sido desde 1821 a 1833. De haberse llevado a cabo el paso de este tren, Pozo Alcón se habría comunicado por vía férrea no sólo con Jaén, sino también con el sureste de Andalucía.

¿Y qué decir de la carretera de Torreperogil a Huéscar, que tardó más de 70 años en llegar a Pozo Alcón? La carretera se había iniciado en 1865, y fueron pasando las décadas hasta que la obra se detuvo en 1920 a 11 Km. del Pozo. A este respecto, escribía el cronista Antiñolo, totalmente indignado y con sarcasmo, en 1924, en el diario “Norte Andaluz” de Jaén, lo siguiente: “La carretera de Torreperogil a Huéscar debió terminarse hace tiempo (…). El abandono que supone el incumplimiento de este servicio ha persistido demasiado, perjudicando el interés nacional. Porque la red de comunicaciones de España exige la terminación de esa vía. Dos regiones –Andalucía y Levante- llevarían a ella gran parte de su tráfico. Dos provincias –Granada y Jaén- tendrían una arteria más por donde empujar la corriente de su vitalidad y su riqueza. Y muchos pueblos –Torreperogil, Peal de Becerro, Cazorla, Quesada, Huesa, Hinojares, Pozo Alcón, Castril de la Peña y Huéscar- verían abierta la necesaria comunicación y el anhelado enlace que demandan sus múltiples intereses comunes (…). La carretera de Torreperogil a Huéscar, que ha de abrir esa comunicación, cruza la sierra y se detiene a once kilómetros, a la vista del pueblo. Los hilos telefónicos que unen las casetas forestales, marcando la línea del progreso y la civilización entre los pinares y sobre los picachos del cercano monte, también se cortan en la última caseta de Majadahonda, a cuatro kilómetros de distancia. Y Pozo Alcón, este pueblo rico y laborioso, con su extensa zona regable que da productos a la exportación, sigue uno y otro año, en cuanto a las comunicaciones se refiere, en un plano inferior a las casas forestales y a las cabañas de los pastores”.

El tiempo fue pasando y, en 1930, se produjo una reunión de alcaldes de la zona en Tíscar. Así lo contaba de nuevo Antiñolo en “El Pueblo Católico”, de 25/10/1930: “Para alcanzar la carretera y llegar a Tíscar, las representaciones de Zújar, Castril, Pozo Alcón e Hinojares fueron a lomos de caballerías y por caminos primitivos. Igual que en los tiempos en que España era una provincia romana o una prolongación del imperio marroquí. Para esta comarca, pasan las dominaciones y los siglos, las edades y las dinastías, los periodos constituyentes y los Gobiernos constituidos, los Parlamentos y las Dictaduras sin dejar otra huella de su paso que la intervención cada día más activa y agobiante de las oficinas del Fisco. Parece como si en esta comarca la riqueza creada por sus habitantes sólo fuese mirada por el Estado, no para protegerla y fomentarla, sino para combatirla a fuerza de impuestos”.

Y no fue hasta los tiempos de la República, en 1935, con la construcción del puente de la Cerrada del Turrilla o puente de Hinojares, cuando llegó hasta este pueblo aquel proyecto que se había iniciado a mediados del S. XIX.                       

Pero es que tampoco la comunicación hacia el sur con Granada, hacia donde mira Pozo Alcón, con una orografía mucho más cómoda, era ni mucho menos adecuada. El problema radicaba en el paso del río Grande (el río Guardal), cuyo puente de madera había sido arrastrado por una tormenta en 1881, según informaba el periódico “La Correspondencia de España”, del 1 de febrero de aquel año. Después se construyó una magnífica barca bajo la dirección de los técnicos, que costó al Estado unos miles de pesetas. El mayor problema es que la barca salió con un pequeño defecto y no se mantenía bien en el río, por lo que quedó abandonada, mientras se pudría enterrada en la arena. Pasados los años, se hizo por la Jefatura de Granada un proyecto para la construcción del puente. Salió a subasta el proyecto, hubo postor y se adjudicó la obra. El contratista se dispuso a comenzar los trabajos; pero un buen día llegó al lugar donde se colocaría el magnífico puente proyectado un ingeniero de la Jefatura. No dijo nada; pero recogió un poco del agua del río, hizo unos sondeos y se marchó a la ciudad de los cármenes. Luego se conocieron los efectos de esta visita misteriosa. Los técnicos que hicieron el proyecto no habían tenido en cuenta que el agua del río descomponía el cemento y, por tanto, que era necesario modificarlo.

Mientras tanto, un particular tuvo una feliz idea: instalar una barca particular que facilitara el paso del río. Con el paso del tiempo, vino la competencia y las peleas, como se recoge en la siguiente noticia de “El Defensor de Granada”, de 3 de marzo de 1928:

Y, después de tantas vicisitudes, el puente definitivo – hoy bajo el pantano del Negratín- no se construyó hasta 1938 en plena guerra civil. Por él pudieron huir, buscando los puertos de embarque del Mediterráneo, un gran número de milicianos y dirigentes republicanos de Jaén al final de aquella guerra.

En fin, no quiero aburrir a los lectores con más proyectos fallidos, pero sí señalar que en 1900 se empezaron los trabajos para construir una fábrica de azúcar que transformara la gran cantidad de remolacha que aquí se producía. Otra iniciativa que no dio resultado y quedó a medio hacer.

El último gran proyecto del S. XIX fue la construcción del canal de Iturralde. Sin duda, esta obra contribuyó decisivamente al progreso de Pozo Alcón, aunque la falta de comunicaciones dificultaba enormemente la exportación de los productos agrícolas. Tampoco el resultado final de extensión del riego se correspondió con las expectativas iniciales, como veremos en su día.

Y para finalizar, una aclaración. Me he detenido en esta cuestión referida a las comunicaciones en el pasado porque es evidente que todos aquellos fracasos y desilusiones fueron una de las mayores causas tanto del atraso y aislamiento de Pozo Alcón, como del natural desapego y desconfianza en las autoridades provinciales, y que vino también a profundizar en el carácter individualista de los poceños. En el próximo artículo –ahora sí- nos ocuparemos de los acontecimientos nacionales y su incidencia en el pueblo durante la segunda mitad del S. XIX.

José Manuel Leal

  1. Del Pozo dice:

    Enhorabuena una vez más por estos artículos José Manuel.
    s.XIX, s.XX y desgraciadamente en el s.XXI y seguimos con la misma problemática de hace siglos, carreteras sin terminar que van a ninguna parte, camino peligroso y sinuoso para acceder a nuestra cabecera comarcal ( Cazorla ) imposibilidad de llegar por otros medios que no sea vehículo particular a Cazorla, gincana de caminos para ir a Jaén o Úbeda, etc…. Pero en fin, no se puede hacer nada en el pueblo de «los apañaos» tenemos lo que queremos.

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